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Agricultor, protege tus cultivos de la sequía y evita que se seque tu renta

Uno de los principales problemas que han azotado históricamente al campo español es la sequía. La falta de agua daña las producciones de cultivos herbáceos extensivos, como cereales, leguminosas, girasol y colza. La mejor forma de evitar este impacto es echar mano del seguro agrario para que, cuando los cultivos se secan, no se evaporen también las rentas que arrojan los campos a sus propietarios.

En el año 2024, las indemnizaciones pagadas por el seguro a los agricultores derivadas de daños a sus cultivos por sequía alcanzaron los 115 millones de euros, según los datos de Agroseguro. No superaron el máximo histórico de 2023, gracias a que la primavera tuvo un carácter húmedo en casi toda la Península Ibérica, pero sí fueron importantes por tercer año consecutivo, debido a la escasez de precipitaciones desde el final del invierno y durante toda la primavera en algunas zonas del país. En total, la superficie siniestrada por la sequía ascendió a 755.300 hectáreas.

El suelo no se libró de pasar sed en ningún lugar de España. Las regiones con más hectáreas afectadas por la sequía fueron Castilla-La Mancha, con 215.759 hectáreas; Aragón, con 170.392 hectáreas; y Cataluña, con 138.905 hectáreas. Atendiendo a los daños, la comunidad autónoma que registró un mayor volumen de indemnizaciones fue Cataluña, con 42 millones de euros; seguida de Aragón, con 25 millones; y Castilla-La Mancha, con otros 19 millones de euros.

Un agricultor o ganadero con experiencia sabe bien que, más tarde o más temprano, llegan los años secos y que esos ejercicios pueden generar pérdidas muy significativas. Pero eso no quiere decir que haya que resignarse a sufrir.

El seguro agrario está para equilibrar las rentas del campo en momentos en los que la producción se resiente por la falta de agua. En España, esta protección está instrumentada a través de Agroseguro, un esquema de colaboración público-privada que ha demostrado ya su pertinencia y capacidad, entre otras cosas, enfrentándose a varios episodios relevantes de sequía en las últimas décadas.

Lo inteligente, pues, es pensar en la sequía no sólo cuando no llueve, sino también cuando llueve. Cualquier momento es bueno para asegurar la producción y pasar a formar parte del colectivo de productores que se protegen mutuamente de los riesgos a los que están expuestos. Un sistema que funciona.