¿Qué pasó tras el incendio de Campofrío?

Son las 6’40 de la mañana del 16 de noviembre de 2014 y con el cielo aún en plena oscuridad, una columna de humo empieza a vislumbrarse sobre el techo de las instalaciones de Campofrío en el polígono de Villafría, en Burgos. Los bomberos ya están en camino pero nadie espera entonces el desenlace de la situación… que el fuego acabe arrasando por completo las instalaciones.

En ese momento, la dirección sólo tiene una preocupación en mente: “el futuro de las casi mil familias dependientes de forma directa de la fábrica y el futuro de la marca, que es nuestro principal activo, por si no es capaz de recuperarse de este trance…” relata el director general de Campofrío para el sur de Europa y EEUU, Paulo Soares. Y es que el hecho de que la marca no se recupere, afecta por extensión al futuro de las miles de familias que dependen de la compañía en todo el mundo, por lo que hablamos de un siniestro económico de importantes dimensiones. Pero si la fábrica se quema por completo y la producción en la planta se frena de la noche a la mañana, ¿cómo puede una empresa sobreponerse de una situación así?, ¿cómo empieza la reconstrucción?, ¿cómo salen los números para remontar?

¿Qué ocurre cuando las llamas se apagan?

La solución empieza, como en muchos otros incendios, con una llamada de teléfono a quien encargamos en su momento ocuparse de los imprevistos que nos ocurrieran en el futuro la compañía de seguros. Campofrío había contratado distintos seguros para proteger la nave industrial, las existencias del almacén, la pérdida de beneficios en caso de una interrupción en la producción… Con las instalaciones todavía humeando, las entidades aseguradoras se dispusieron para resolver el problema. Para Soares, “los seguros han resultado un factor decisivo para ponernos en el camino de la superación de esta crisis (… ) han sido determinantes para poder afrontar el inicio de la recuperación desde el mismo día en el que el fuego destrozó parte de nuestras vidas”. El ejecutivo reconoce que, de no haberse protegido de esta forma, “el impacto habría sido tan grande que dudo que Campofrío hubiera podido continuar con nuestra actividad”.

Campofrío había asegurado la fábrica, las existencias y la pérdida de beneficios por paro en la producción.

Así será la Nueva Bureba

El seguro permitió que los cientos de empleados que miraban estupefactos la columna de humo que salía del que durante años había sido su puesto de trabajo (algunos llevaban trabajando allí cerca de 40 años) pudieran mirar al futuro sin temor. En septiembre de 2015 se puso la primera piedra de las nuevas instalaciones y un año después ya se ultiman las obras de la Nueva Bureba, como se llama la fábrica reconstruida.

La planta se ha puesto ya en marcha, con más capacidad, con mayor tecnología y con nuevas perspectivas… porque el reto de volver a empezar se ha convertido en una oportunidad de mejorar. La Nueva Bureba está en pie, con una superficie equivalente a 12 campos de fútbol y una capacidad de producir más de 100.000 toneladas al año. Ahora solo falta ultimar los detalles para que la plantilla pueda incorporarse lo antes posible (la mitad de ella ya lo ha hecho) y la fábrica esté a pleno rendimiento en los próximos meses.