¿Por qué sucesos como el huracán Irma disparan la contratación de seguros?

Un seguro que no se usa significa un percance que no se ha producido, lo cual, al fin y a la postre, es siempre lo más deseable. El seguro existe, sin embargo, porque esto no es así: los percances ocurren. Lo más adecuado es tener una actitud preventiva, esto es, adquirir la protección del seguro cuando el percance aún no ha ocurrido, para que nos coja protegidos. Pero también se suele dar el aseguramiento a posteriori: situaciones en las que es la producción del percance la que mueve a las personas a asegurarse o asegurar sus bienes. Es lo que ocurre tras sucesos como el temido huracán Irma que, tras dejar cuantiosos daños materiales a su paso por las islas del Caribe, avanza ahora sobre Estados Unidos.

Las catástrofes naturales, habitualmente, generan daños muy elevados. En muchos casos se dan ejemplos de personas o familias que lo pierden todo o casi todo. Y, en situaciones así, la existencia de un seguro divide a las víctimas en dos partes: los que cobran de su seguro, y los que no.

Esto lleva al hecho de que, habitualmente, las catástrofes suelen operar como revulsivo para el aseguramiento, porque después de un gran suceso dañino las personas tienden a ser más sensibles a los beneficios de tener un seguro. Todos los datos disponibles indican, en este sentido, que el nivel de aseguramiento patrimonial en Euskadi es comparativamente superior al del resto de España; y la explicación más precisa para este fenómeno es el hecho de que los vascos sufrieron más que nadie la llamada «gota fría» del verano de 1983, que causó enormes pérdidas en la comunidad autónoma.

No es el único caso. Aproximadamente un 30% de los bienes que se vieron afectados por el huracán Andrew, que asoló el Caribe y la costa de Florida en 1992, estaban asegurados. Pero cuando llegó Katrina, en el 2005, ese nivel de aseguramiento era del 50%. Aunque ambos sucesos ocurrieron en zonas diferentes, esto da una idea de hasta qué punto el saberse expuesto a una zona de catástrofes naturales promueve el aseguramiento.que permite proteger a todos de una forma equilibrada y mutualizada, y que ha demostrado su funcionamiento desde hace décadas. Para la industria del seguro, esto supone un reto.

El 30% de los bienes afectados por el huracán Andrew en 1992, estaban asegurados. Cuando llegó Katrina, en el 2005, ese nivel de aseguramiento era del 50%.

La proclividad a asegurarse de quien se sabe expuesto a un riesgo objetivo genera una espiral de aseguramiento que lógicamente afecta a los daños que hay que reparar y pagar cuando se producen los hechos catastróficos. Por eso en todo el mundo se discuten y buscan formas de actuar ante los percances extremos. Y cabe recordar aquí que en España tenemos los deberes muy hechos en este sentido con la regulación de la labor del Consorcio de Compensación de Seguros; un sistema que permite proteger a todos de una forma equilibrada y mutualizada, y que ha demostrado su funcionamiento desde hace décadas.