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¿Cómo ayuda el seguro a la jubilación?

Mucha gente identifica el seguro de vida como un producto que indemniza o protege por el riesgo de morir. Tal vez les sorprendería saber que apenas uno de cada seis euros pagados en primas de seguro de vida lo es para cubrir esa eventualidad.

Frente al riesgo de morir lo que se hace es la prevención (con un seguro se previenen posibles consecuencias negativas para los nuestros); y frente al riesgo de sobrevivir, lo que se ejercita es la previsión: se guarda para el futuro y, cuando ese futuro llega, se usan esos recursos guardados para mantener, incrementar incluso, el nivel de vida. Así, los seguros de vida que ayudan a realizar esa previsión se llaman seguros de ahorro.

Los riesgos del ahorro

Si decidimos ahorrar para nuestra jubilación, ¿está ese ahorro exento de riesgos? La verdad es que no. En realidad, ese ahorrador está sometido a tres grandes riesgos:

  • Ahorro insuficiente. El riesgo de que el dinero ahorrado no sea suficiente.
  • Falta de rentabilidad. Dado que el dinero que ahorremos pasará unos cuantos años invertido para dar réditos, existe el riesgo de que esas inversiones, por múltiples razones, acaben dando pérdidas.
  • Excesiva longevidad. Tal vez ahorremos pensando que necesitaremos dinero para vivir tras X años tras jubilarse pero, por suerte, vivamos más y el dinero, se acabe.

El primero de los riesgos pertenece en exclusiva al propio ahorrador, que decide qué cantidad es la adecuada para ahorrar en cada momento. Sin embargo, ¿qué pasa con los otros dos riesgos? Pues lo que pasa es que el seguro de vida es el único producto que es capaz de cubrir los dos:

  • Riesgo financiero. Los productos de seguro de vida más usuales del mercado español garantizan una rentabilidad mínima a largo plazo. Algunos de los que tienen un tratamiento fiscal especial, como los Planes de Previsión Asegurados o PPA, deben garantizar por ley cuando menos la conservación del capital ahorrado. Esto quiere decir que quien compra un PPA tres décadas antes de jubilarse lo verá crecer durante 30 años sabiendo que en ningún caso puede dar pérdidas.
  • Riesgo de longevidad. En la mutualización, todos los asegurados son tratados en su conjunto, de modo y forma que se deriva para ellos una probabilidad de supervivencia. Si esa probabilidad está bien calculada, en realidad los destinos personales ya dan igual: si un cliente sobrevive más tiempo del esperado, eso será porque otro, desgraciadamente, lo hará en menor medida. Ambos se compensan, y esa compensación es la que permite al seguro de vida garantizar una renta vitalicia, esto es, devolver al ahorrador lo que ahorró en forma de pagos periódicos que no se extinguirán mientras viva.

El seguro de vida es capaz de garantizar una renta vitalicia que disfrutar en la jubilación.

El hecho de que el seguro de vida libere al ahorrador de estos dos riesgos, hace sea lo más parecido que se puede encontrar a una pensión de jubilación. De hecho, tiene un valor añadido más,  además del ahorro, puede cubrir también la muerte. Con una sola prima y un solo contrato, el cliente prevé su jubilación, pero también prevé la circunstancia de un fallecimiento prematuro, generando con ello un pago a favor de las personas relacionadas con él (cónyuge, descendientes…).

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