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¿Cómo se aseguran Las Majas de Goya?

Robar una obra de arte no parece tan complicado cuando lo hacen Sean Connery o Peter O’Toole en la pantalla del cine. Pero eso son invenciones. Por lo general, los ladrones de obras de arte, además de tener muchísima suerte, deben controlar un montón de materias para aprovechar los últimos avances de la tecnología.

A la tradicional vigilancia de las salas por guardias de seguridad, se añaden los amarres específicos para las obras, los sistemas de detección del movimiento o cambios de temperatura, rayos X, pórticos de seguridad y otros gadgets que el común de los mortales no puede ni imaginar.

Se pueden asegurar todo tipo de obras de arte, como son, pinturas, cuadros, grabados, tapices, esculturas y mobiliario antiguo. Para que se pueda aplicar el seguro de obras de arte en dichas piezas, estas tienen primero que ser tasadas por expertos de la aseguradora, quienes van a determinar cuál es la indemnización y prima a pagar por la obra en caso de siniestro. Dicho valor se fija según la antigüedad, la técnica, el autor y el precio del mercado de la obra de arte.

El aseguramiento de obras de arte se hace “de clavo a clavo”

A pesar de que robar no es fácil, el arte se asegura; sobre todo, cuando viaja prestado a otras galerías y museos. El aseguramiento de obras de arte se hace contra todo daño y/o pérdida física ocurrido durante el período de seguro convenido, por lo general a todo riesgo y bajo la modalidad de seguro “de clavo a clavo”; una expresión profesional que quiere decir que el seguro la protege desde que se le quita el primer clavo hasta que se le clava el último.

El seguro clavo a clavo está disponible para el traslado de obras de arte que van a ser expuestas en galerías o museos de forma temporal. Incluye la cobertura de transporte de las obras aseguradas desde su localización original, las operaciones de embalaje, desembalaje, manipulación e instalación, la estancia en el lugar de exposición y/o anterior o posterior a la misma y el transporte de regreso de la obra a su localización original o a cualquier otro punto que se designe como fin de viaje. Es decir, la obra se encuentra protegida en todas las fases del transporte y la exposición, hasta que vuelve a las manos del propietario

Los aseguradores de obras de arte son pocos. Cada obra es un mundo y hacen falta aseguradores que las conozcan bien y, por ello, gocen de la confianza de los propietarios y de los expositores. Los seguros no tienen talla única. Se adaptan a las necesidades del cliente, creando productos únicos que se amoldan perfectamente a las peculiaridades de un negocio tan especializado como es este. Asimismo, las aseguradoras buscan soluciones creativas para conseguir prevenir los riesgos y evitar posibles daños en las obras de arte.

Como ves, las obras de arte están bien protegidas. Así que, si para hacerte rico estás decidiéndote entre robar una obra de arte o ganar el bote de Pasapalabra, nuestra sincera recomendación es que te compres un diccionario.