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En España se intenta defraudar 1.064 euros al minuto

En lo que lees este post, se ha intentado, por lo menos, un fraude al seguro. Y es que en España no pasan ni dos minutos sin que alguien intente defraudar a su compañía de seguros. Normalmente, el fraude se produce en el seguro del coche (uno de cada dos fraudes) o en el seguro de la casa; pero, en realidad, no hay ninguna actividad aseguradora que pueda decir que está libre de esta lacra. Solo en 2015 se produjeron cerca de 306.000 reclamaciones fraudulentas al seguro

Tal vez seas de los que piensa que el fraude al seguro es una cosa que solo cometen criminales profesionales o personas que tienen edificios y patrimonios que queman para cobrar la indemnización. Pero la verdad es que este tipo de casos no son los mayoritarios entre los defraudadores. El defraudador de seguros habitual toma café en la misma cafetería donde lo tomas tú, no vive lejos de donde vives tú y, en realidad, casi no se distingue de ti. Es como tú, sólo que él, o ella, pretende que su seguro le pague por algo que en realidad no le han robado, o que no ha sufrido los daños que ha declarado.

Uno de cada dos fraudes al seguro está relacionado con el automóvil

¿Cuánto defraudamos?

En España se intenta defraudar 1.064 euros al minuto. En este tiempo alguien pretende que su aseguradora le pague 1.064 euros que, en realidad, no le corresponden. Y tal vez pienses: “bueno, que paguen; tienen mucho dinero”. Pero lo cierto es que ese “mucho dinero” que tienen las aseguradoras… lo has pagado tú o cualquier otro cliente del seguro. A las aseguradoras el dinero no les cae del cielo: se lo dan sus clientes.

En España se intenta defraudar 1.064 euros al minuto

Así que, si alguna vez te encuentras con alguien que se pavonea de “habérsela colado al seguro”, piensa que, si tú también estás asegurado, sobre todo si lo estás en la misma aseguradora, ese tipo que te sonríe mientras cuenta su batallita, te la ha colado a ti también. La vida es un juego de suma cero: si alguien no paga, otro paga por él. Y si alguien cobra algo que no debería cobrar, alguien ha de cubrir el agujero que deja ese cobro.

Y ese alguien eres tú.