¿Qué probabilidades tienes de que tu amor sea correspondido? - Blog

¿Qué probabilidades tienes de que tu amor sea correspondido?

San Valentín. El día de los enamorados. Es, teóricamente, el día en el que más personas en el mundo deshojan una margarita mientras deciden: «me quiere, no me quiere…» ¿Tiene eso que ver con el seguro?

En parte no, porque si estás pensando que te vamos a contar que hay seguros que te indemnizan si el objeto de tus anhelos no te hace caso, ya te lo puedes ir quitando de la cabeza. Pero en realidad sí tiene que ver porque esa duda de la margarita, en el fondo, tiene mucho que ver con cómo funciona el seguro.

Para explicártelo, te pediremos que imagines a un enamorado. Sólo que, esta vez, ese enamorado es un actuario de seguros, es decir, la persona que se dedica a analizar y estimar los riesgos y sus implicaciones económicas. Para decidir si pide o no una primera cita a alguien, este actuario se plantearía tres pasos clave:

1) Definir un grupo homogéneo de riesgo.

Lo primero que has de saber de un actuario enamorado es que es improbable que deshoje la margarita. Deshojar una margarita supone asumir que las probabilidades de que tu pareja te haga caso son del 50%. En seguros no se asume nada; todo se mide. Por muy ciego de amor que esté, el actuario (o la actuaria) sabe que sus posibilidades lo mismo son un 50% que un 70% o, ay, un mísero 1%. Así que lo que hará nuestro actuario enamorado será recopilar información sobre todas las veces que el objeto de sus pasiones ha recibido ofertas de novietes (o novietas) anotará meticulosamente a cuántas ha dicho que sí, y a cuántas ha dicho que no.

Para tener más base estadística, es probable que recopile información relativa a personas de características parecidas a la suya (mismas medidas, parecido carácter, más o menos la misma edad, mismo círculo social…); esto es lo que se llama definir un grupo homogéneo de riesgo. A partir de ahí, elaborará una probabilidad de base.

2) Segmentar la cartera

En ese punto, el actuario enamorado habrá avanzado más de lo que suele avanzar un enamorado a secas. Pero todavía le queda camino. Si algo sabe un buen actuario, es que la probabilidad de siniestro no sólo reside en la realidad que se asegura, sino que también depende de la posición del asegurado frente al riesgo. Dicho de otra forma: no se trata sólo de si su pareja es de las que aceptan quedar para hacerse un cine y una cena; se trata de si él mismo es o no atractivo para él o ella. Es el día a día del seguro. Todos los nacidos en el 1960 tienen una probabilidad general de muerte, por ejemplo; pero los que fuman la tienen un poco más elevada a causa de su adicción.

Si algo sabe un buen actuario, es que la probabilidad de siniestro no sólo reside en la realidad que se asegura, sino que también depende de la posición del asegurado frente al riesgo

Aquí pasa lo mismo: tu pareja podrá ser de las que aceptan invitaciones; pero si eres calvo, gordo y feo, lo mismo tus posibilidades son menores que las de la media.

Así pues, el actuario revisará sus estadísticas para concluir diferentes probabilidades para jóvenes y no tan jóvenes, flacos y gordos, calvos y pelazo… Eso se llama segmentación, y es tan importante en el seguro que es, por ejemplo, la responsable de que hacerse el seguro del automóvil, por lo general, le salta más caro a los jóvenes que a sus padres.

3) Evaluar el margen de solvencia

Bueno, como ves, ser actuario y enamorarse no es nada fácil. No necesitas una margarita, necesitas un Excel. Y, ah, por cierto: no olvides que un actuario de seguro siempre piensa en el margen de solvencia: esa cantidad de recursos que reservas para poder echar mano de ella cuando las cosas salen mal. En el mundo del amor, eso probablemente quiere decir que el actuario enamorado tendrá un Plan B; así pues, tal vez descubras que no eres el único número