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Seguro contra desastres naturales: el día que Andrés lo cambió todo

El sector asegurador es más de evolución que de revolución. Los cambios en su seno suelen ser progresivos y eso que se dice «no traumáticos». Es difícil encontrar en el mundo del seguro fechas que marquen un antes y un después. Pero eso no quiere decir que no existan. De hecho el 16 de agosto, hace justo un cuarto de siglo de una de ellas. Del día en que Andrés lo cambió todo.

Andrés no es un ejecutivo de seguros, ni un actuario ni nada que se le parezca. Andrés es un huracán. El huracán Andrew, que azotó entre el 16 y el 28 de agosto las Bahamas y luego saltó a la costa sureste de los EEUU, se paseó por Florida y llegó hasta Luisiana. Hasta ahí bien, porque huracanes con ese recorrido ha habido muchos; ésa es una zona súper huracanada. Andrew, sin embargo, fue distinto.

Las pérdidas de los seguros contra catástrofes naturales

Hasta Andrew, existía un consenso en la industria del seguro, más o menos completo, en el sentido de que era posible discernir los daños que provocaría una catástrofe natural a partir de los datos ya recopilados de pasadas tormentas, tornados y huracanes. Andrew, sin embargo, con sus 27.000 millones de dólares en pérdidas y 65 muertos, se salió del pentagrama.

En qué medida esas súper pérdidas eran consecuencia de la propia virulencia de los hechos meteorológicos o de la excesiva urbanización de algunas zonas, es algo que los expertos siguen discutiendo. Pero lo que es un hecho es que casi ningún modelo derivado de eventos anteriores hubiera predicho tantas pérdidas.

Andrew dejó 27.000 millones de dólares en pérdidas y 65 muertos

El problema para los expertos en riesgos, además, era que Andrew ni siquiera había mostrado su peor cara: si su trayectoria hubiera estado emplazada algo más al norte, habría pasado por la ciudad de Miami, generando con seguridad muchas más víctimas y pérdidas de las que generó.

Los seguros contra desastres naturales más costosos

Sólo han ocurrido tres hechos más costosos para el seguro que Andrew: el huracán Katrina del 2005, que mató a 1.836 personas y costó casi 81.000 millones de dólares; el terremoto más tsunami de Japón en el 2011, con sus 18.451 muertos y 37.000 millones de dólares de pérdidas aseguradas; y el huracán Sandy, que causó 237 muertos y 30.000 millones de pérdidas[1]. Pero Andrew, pese a ser más barato, sigue siendo el que hizo saltar las alarmas al seguro y plantearse que tenía que hacer las cosas de otra manera.

Para que te hagas una idea de lo bestiales que son estas cifras, el peor evento catastrófico de la Historia en España: la llamada gota fría ocurrida en el verano de 1983 en el País Vasco, Navarra y Cantabria, costó algo menos de 1.000 millones de dólares y provocó 42 víctimas.

El peor evento catastrófico de la Historia en España: la llamada gota fría ocurrida en el verano de 1983 en el País Vasco, Navarra y Cantabria, costó algo menos de 1.000 millones de dólares y provocó 42 víctimas

Hoy en día, los aseguradores se toman muy en serio el tema de los eventos extremos. De hecho, el nuevo sistema de cálculo de riesgos europeo, llamado Solvencia II, le dedica un montón de páginas y fórmulas a los riesgos catastróficos. Son cálculos complejos que se plantean diversos escenarios (modelizando los daños si los hechos descritos en el escenario se produjesen) y teniendo en cuenta correlaciones geográficas (lo cual es algo lógico: si hay un terremoto en Turquía, es posible que pueda haber pérdidas en Grecia; pero será difícil que se presenten en Portugal).

En esencia, pues, hoy por hoy los aseguradores vienen obligados por la ley y por la propia prudencia como gestores a preguntarse constantemente a qué se enfrentarían ellos si algo muy complicado ocurriese, teniendo en cuenta, obviamente, la exposición de cada uno (pues no es lo mismo hacer negocio en una zona huracanera o terremotera que en otra que no presenta ese tipo de actividad). Y, en el caso español, no hay que olvidar que contamos con un sistema propio, nucleado en el Consorcio de Compensación de Seguros que ayuda a ecualizar el seguro catastrófico y a enfrentarnos a las peores noticias de una forma organizada y eficiente.

[1] Cifras de la reaseguradora mundial SwissRe.