¿Te has preguntado alguna vez dónde hay más caballos en España?

¿Te has preguntado alguna vez dónde hay más caballos en España?

Andalucía es la Comunidad Autónoma que más caballos tiene, aunque si establecemos la cuenta según el número de habitantes, nos llevaríamos una sorpresa.

La verdad es que la pregunta tiene dos respuestas. La primera, la más fácil: hay más caballos donde hay más patas. Eso es en Andalucía, donde había en el 2015 casi 217.000 equinos, lo que hace algo menos de 870.000 patas. De hecho, está muy por encima de los demás: la siguiente comunidad, Castilla y León, no tiene ni la mitad de caballos de los que hay en Andalucía.

¿Qué es la tasa de equinización?

Pero estas cosas de las cifras absolutas las carga el diablo; en Andalucía hay muchos caballos, sí; pero también hay mucha gente. La segunda respuesta, la respuesta relativa, consiste en poner en relación el número de caballos con la población, o sea el número de personas. Como quiera que cuando este cálculo se hace con vehículos a motor se llama tasa de motorización, suponemos que a la cuenta que hemos hecho deberíamos llamarla tasa de equinización.

Pues bien: la tasa de equinización más alta de toda España no la tiene Andalucía, sino Cantabria; un territorio donde hay 19 habitantes por caballo; si se apretasen, hasta podrían subirse (pobre caballo…). Las segundas son Extremadura (25 personas por equino), luego Asturias y luego, sí, Andalucía. En el conjunto de España tocamos a 73 personas por caballo o, si lo prefieres, a menos de veinte por pata.

¿Se aseguran los caballos?

Todo esto te lo contamos para colocar de rondón esta pregunta: ¿se aseguran los caballos? Y la respuesta es: por supuesto. El caballo, las más de las veces, es un activo económico. Las razones pueden ser muchas: porque se use como animal de tiro, porque se venda su carne, porque gane derbies o porque se vendan sus crines, como le ocurre a las bestas rapadas. Un caballo puede ser valioso por muchas razones, sin necesidad de arrancarse a hablar como el de Lucky Luke.

Lo primero que se asegura en un caballo es su muerte porque, ya lo hemos dicho, un caballo tiene un valor. Muy ligado a la indemnización por muerte se encuentra el servicio de gestión del cadáver, que puede llegar a ser un problemón. Lo segundo es su salud, y en este punto hay variadas coberturas veterinarias que, como en las personas, pueden cubrir diversas dolencias y diversos niveles de servicio.

La muerte, la salud y la responsabilidad civil es lo que más se asegura en un caballo

Pero también se asegura, cómo no, la responsabilidad civil, porque incluso al mejor purasangre se le escapa una coz, y el recepcionario de la misma, por supuesto, esperará de nosotros, si somos los dueños del animal, que le resarzamos los daños causados. Por último, como otro gran grupo de coberturas, también pueden encontrarse las ligadas al transporte; porque los caballos, cuando viajan, suelen hacerlo en unos vehículos especiales que hay que proteger. Ah, y se nos olvidaba: los caballos son grandes, pero aun así siempre puede aparecer por ahí algún cuatrero que lo afane. El robo es otra cobertura común en los contratos.

Y qué decir, por último, del jinete. Éste, como es bien sabido, puede caerse del caballo, y eso le puede traer consecuencias, desde las más leves a las más graves. Por eso se suelen tener en cuenta en las coberturas.

El caballo, pues, puede ser un activo productivo, un medio de transporte, un animal para disfrutar con él, para competir… Puede ser muchas cosas y, porque puede ser muchas cosas, también está expuesto a muchos riesgos. Pero para cada riesgo, como siempre, hay un seguro.

¿Te has preguntado alguna vez dónde hay más caballos en España?