Una renta para toda la vida, por Pilar Gónzalez de Frutos - Blog

Una renta para toda la vida, por Pilar González

La población de nuestro país ha envejecido drásticamente debido a que la natalidad ha descendido. Este cambio demográfico se traduce en un problema para el cobro de las pensiones. Pilar González, presidenta de Unespa, plantea soluciones a este conflicto.

Las aseguradoras llevamos más de 100 años pagando pensiones. Eso quiere decir que nosotros ya pagábamos pensiones mucho antes de que existiese la Seguridad Social. Saludamos en su día la creación de ésta y hemos afirmado muchas veces nuestro compromiso con su permanencia y consolidación.

Pero nada de esto nos impide ver que España se enfrenta un reto demográfico derivado de que la gente cada vez vive más, mientras que la baja fecundidad hace que los ciudadanos más jóvenes cada vez sean menos. Como quiera que la base de nuestro sistema de pensiones es que los jóvenes paguen cada mes las pensiones que cobran sus padres o abuelos, este cambio en la relación demográfica plantea un problema que hay que resolver, y que se puede resolver.

Desde nuestro conocimiento de la problemática de las pensiones desde hace ya mucho tiempo, hay cuatro cosas que creemos es importante que las personas sepan.

La primera de ellas es que es bueno diferir renta. A menudo se dice que quien ahorra deja de consumir, y no es verdad. Quien ahorra deja de consumir hoy, pero eso sólo quiere decir que así podrá consumir mañana. El dinero que una persona normal recibe a lo largo de su vida no se distribuye regularmente, sino que tiene periodos de mucho ingreso y otros de poco o ningún ingreso. Diferir rentas no es otra cosa que «estirar» un poco esa goma para que los ingresos se distribuyan de una forma más racional.

Quien ahorra deja de consumir hoy, pero eso solo quiere decir que así podrá consumir mañana

Ahorrar para el futuro, diferir renta hacia los años de jubilación, no es, pues, un gesto que se haga para beneficio de las aseguradoras y los fondos de pensiones. Beneficia a quien lo hace porque le permite vivir bien toda su vida, y le evita las oscilaciones de los años de vacas gordas a los años de vacas flacas.

La segunda cosa que decimos es que la forma más fácil de ahorrar es en el puesto de trabajo, sea éste autónomo o por cuenta ajena. Una forma cómoda e intuitiva de ahorrar es detraer una parte del salario recibido en el momento de dicha recepción, y por eso creemos que debe de haber algún sistema por el cual esa detracción se produzca de forma automática; aunque, como lo que cada uno gana es suyo, siempre hay que respetar la voluntad del individuo de no ahorrar. Quien no quiera ahorrar, no debe ser obligado a hacerlo. Eso sí, creemos que, en el momento en que decidiese ahorrar, su empresario o el propio Estado deberían quedar obligados a completar dicho ahorro con una aportación. Eso se llama subvención condicionada, y está funcionando muy bien en países como Reino Unido o Alemania.

La tercera cosa que decimos es que no se debe perder de vista las rentas vitalicias. Una renta, en su inicio, no es otra cosa que la devolución de una cantidad ahorrada en pagos periódicos y regulares. Cuando el dinero se acaba, los pagos se terminan. Pero eso no le ocurre a las rentas que venden los seguros. Una renta de seguro se paga durante toda la vida del beneficiario, aunque se acabe el dinero. No sólo es importante ahorrar, sino cómo se va a cobrar. Y la renta vitalicia es la forma de cobro que más se asemeja a la pensión pública.

Nuestro ideal es que el español cobre dos pensiones: la pública y la de capitalización

Nuestro ideal es que el español jubilado del futuro cobre, con total normalidad, dos pensiones; una, la pública, más grande. La otra, de capitalización, complementaria.

La cuarta y última cosa que defendemos es que no es verdad que los españoles no ahorremos. Ahorramos, y ahorramos mucho. Lo que pasa es que, en las últimas décadas, hemos ahorrado para una sola cosa: para comprarnos la casa en la que vivimos. Como consecuencia de ello, hoy en España hay muchas personas ya jubiladas que tienen muy poco dinero pero, al tiempo, poseen inmuebles en ocasiones incluso de gran valor. Por eso la legislación, hoy, reserva condiciones muy atractivas para las personas mayores que deciden utilizar sus inmuebles para financiarse una pensión. Creemos que, gracias a estas medidas, se hace posible que muchas personas mayores accedan al nivel de vida que merecen, sin por ello perder su techo.

Lo de las pensiones, pues, es un reto. Un reto con soluciones, un reto tratable. No hemos de tenerle miedo, aunque sí respeto. Pero es perfectamente posible que podamos construirnos un futuro adecuado, repleto del tipo de cosas de las que queremos llenarlo. Con un poco de atención y compromiso, es posible.