Cómo combatir la Ley de Murphy

La Ley de Murphy es un principio en que cree la mayor parte de la gente. Enunciada de forma sencilla, viene a decir que si algo es susceptible de salir mal, probablemente saldrá mal. Nosotros te demostramos que no es así.

La enunciación, así hecha, está teñida de una suerte de fatalismo: esas cosas que saldrán mal nos van a dejar fastidiados. Las cosas se rompen, y rotas nos las quedaremos. Las cosas se pierden, y deberemos despedirnos de ellas.

Pues no.

¿Qué es el seguro de prestación de servicios?

Desde que el seguro, hace ya décadas, ha evolucionado hacia la prestación de servicios, ya la cosa no está tan clara. Nos explicaremos: de toda la vida, el seguro ha sido indemnizatorio.

O sea: tú se asegurabas, luego te pasaba un imprevisto, ese imprevisto te generaba una pérdida económica, y el seguro te la indemnizaba.

Esto está bien (en realidad, está muy bien), pero de un tiempo a esta parte evolucionó hacia el concepto de lo que el cliente quiere no es sólo ser indemnizado por los costes del problema. Lo que quiere es que resuelvan el problema.

El cliente no solo quiere ser indemnizado, también quiere que se resuelvan sus problemas

De ahí nació el seguro de prestación de servicios. Si lo piensas en el ámbito de la salud, lo verás claro: antes te pagaban la factura del médico; ahora te facilitan un médico al que vas y no pagas. Igual ocurre con reparadores del hogar, talleres y otro tipo de cosas. De ahí viene la vocación del seguro de cargarse la Ley de Murphy.

¿Qué hago si la Ley de Murphy me persigue?

Por ejemplo: un día sales de casa y cuando ya estás en la calle, zas, descubres que te has dejado las llaves dentro de casa. Con un buen seguro del hogar, todo lo que necesitas para abrir la puerta es un móvil. Y no es que la puerta funcione con Android 4.0, es que te bastará con llamar a tu seguro para que éste te envíe a un cerrajero que convertirá a Murphy en un mal sueño.

Por supuesto el seguro, indemnizando, puede muchas veces hacer la misma función. Piensa en esto: te vas de viaje a Nueva York y, de todas las veces que vuelas, es en ésa, precisamente en ésa (Ley de Murphy) cuando la compañía aérea decide perder tu maleta. Así que ahí estás tú, en Nueva York, con una pieza de cada, desde el jersey hasta la ropa interior.

Pues si tienes un buen seguro bajas a la tienda más cercana, repones tu armario, y hasta ahí llegó Murphy.

Cuando te hagas un seguro, debes repasar las cláusulas de la póliza que describen las coberturas

Así pues, un buen consejo es que, cuando te hagas un seguro, te repases esas cláusulas de la póliza que describen las coberturas. Es posible que descubras allí bastantes trastadas de míster Murphy.

Si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal. O no.